martes, 26 de febrero de 2013

La fábula celeste.

La primera vez que te vi yo era sólo un zorro perezoso que pasaba las tardes observando los pájaros de colores, escondidos entre aquellas nubes blancas y grises que cruzaban las colinas para luego romperse en las cimas de las montañas. Había perseguido liebres por los caminos de tierra y había visto pisadas de jabalís en las que se quedaba dormida el agua de la lluvia después de la tormenta. 

¿Qué más podía imaginar yo de aquellas noches cortas?

Siempre he de esperar algo, siempre. Fue entonces cuando un olor sensacional estiró de mi olfato hacia los rincones del bosque que no conocía. Descubrí el color malva y me perdí entre árboles con bombillas. La verdad es que nunca había visto algo tan especial.  


[...]


El invierno llegó sin que nos diéramos cuenta. Y tú eras el color rojo del cielo celeste que ardía al otro lado de la llanura. El último rojo que queda, el rojo más intenso de monte Perdido. El cazador vivía solo, en una de esas casas sin ventanas que causan terror a los niños, con las paredes decoradas con trofeos y trozos de pesadillas. El invierno llegó sin que nos diéramos cuenta. 

Y aquel último amanecer, aquel gris y último amanecer, nos olvidamos de pedirle al viento que borrara nuestras huellas en la nieve y así fue fácil, muy fácil para el cazador y la serpiente.



La chica del dorado reloj.

martes, 19 de febrero de 2013

en charge.

Quizá haya llegado el momento de admitir que tú eres el motivo de cada sonrisa y de cada lágrima. 







La chica del dorado reloj. 

miércoles, 6 de febrero de 2013

Talking to the moon.

En estos momentos es cuando más te echo de menos. Tú, que siempre sabías como comportarse. Siempre estabas ahí. Deseando que fuese a contarte todo lo que me pasaba por la cabeza. Detenías mis lágrimas. Sabías qué hacer en todo momento. Con todo y con todos. Tonta fui yo de no hacerte caso en tantas cosas que me dijiste tantas veces… Y ahora que vivo sin ti, no me acostumbro. Sigue estando tu foto en mi pared, y al verla sigo pensando: ¿me echará de menos o me odiará? Tengo la mínima esperanza de que algún día nuestros caminos se vuelvan a unir, y todo vuelva a ser como antes. JAJAJA qué ilusa soy. Ojalá me atreviese a hablar contigo. Ojalá pudiera volver a quererte como te quise y como tu me quisiste. Ojalá tu orgullo te permitiera escucharme y decirte cómo fueron las cosas. Ojalá volvieses a creer en mi palabra antes que en la de nadie. Ojalá, y ojalá, y ojalá… Me sigo acordando de ti, no puedo evitarlo. Fuiste muy importante para mí, y no he encontrado a nadie que te llegue ni a la suela de los zapatos. Envidia me da la gente que te disfruta, que te hace reír como yo lo hacía. Te sigo queriendo, y creo que siempre lo haré. Un pilar de tu vida durante 17 años no se rompe tan rápido por mucho que haya pasado en tan solo uno.

Y ahora que no te tengo no puedo evitar arrepentirme de todas las veces que te hice estar triste, de todas las veces que te enfadabas y no querías que nadie te hablara. Pero entre toda esta tristeza, añoranza, nostalgia, tengo muchos, demasiados recuerdos felices a tu lado. Creo que nadie te ha querido como yo, ni la que ahora es dueña de tu corazón y de tu cuerpo. Esperaré, como la arena en la noche espera a que venga la ola y la remueva. Y si vienes, me removeré y removeré todo lo que esté en mi mano para que sea como volver al sitio del que nunca te has ido. 

Y es que en realidad, para mí nunca te has ido y nunca lo harás.




La chica del dorado reloj.