jueves, 12 de abril de 2012

Sin respuesta

La peor sensación del mundo, a diferencia de lo que muchos creen; no es llorar, o que no te quiera el chico que te gusta. Para mí es lo que acabo de sentir en mis huesos. Ese escalofrío que te recorre todo el cuerpo cuando le dices dos sencillas palabras a alguien, o una si nos ponemos. Ese "lo siento" que sale con el corazón en la mano, que lo sientes de verdad y que es rechazado o simplemente no se contesta nada a estas palabras. Os digo que ésto es lo peor que te puede ocurrir y que después de ese instante en el que esa persona no te responde nada, simplemente se queda callada o hace un pequeño movimiento con la cabeza; parece que se te cae el mundo encima. Solo quieres desaparecer de la faz de la tierra. Hacerte invisible o intentar remediarlo sufriendo. En realidad nada de ésto sirve, pero por lo menos no te deja tanta sensación de culpabilidad o de estupidez, mejor dicho.

Cry

Noto que se humedecen mis ojos, que poco a poco se van llenando de ese agüita que al parpadear cae. Que sientes como va cayendo, rodando lentamente por tu mejilla, hasta llegar a tus labios o caer por tu barbilla. Cada una con un recorrido distinto a la otra. Todas y cada una de ellas tienen un motivo, una causa. Hay veces que no sabes el porqué, pero necesitas expulsarlas de tu cuerpo para sentirte mejor. Y cuándo no puedes detener esas lágrimas? Cada vez que recuerdo ese momento mis lágrimas brotan, aunque sea por un instante.


La chica del dorado reloj. 

miércoles, 11 de abril de 2012

Easy

Fácil, como cuando decimos que esto es sólo hoy, y hasta la próxima vez que queramos.


Para calmar mi alma.

Como una calada a un cigarrillo puede relajarte de tal manera. Tanto que parece que empiezas de nuevo. Tanto que te sientes otra persona. Tanto que te sientes fuera de lugar. Fumas, aspiras, expiras y sientes el humo pasar por tus vías y llegar a tus pulmones. Ves el humo salir por tu boca, lo expulsas lentamente disfrutando del momento. Cuando llega la última calada, la aprovechas al máximo, sabes que no deberías hacer lo que estás haciendo pero no te queda otra. Es tu manera de evadirte del mundo, como las aves emigran cuando llega el frío; escapan de lo que no les agrada. Sin embargo, lo que al principio se convierte en algo habitual y moderado, pronto puede volverse rutina. Se le puede coger el gustillo hasta a lo más dañino. El ser humano es de ésos; lo que más daño nos hace es con lo que más tiempo estamos. Desperdiciamos la vida en sueños rotos, en caladas vacías, y en besos amargos. Por eso, intenta no seguir la corriente, "carpe diem" como diría una vieja amiga. Libérate, fuma, sonríe, haz el amor, peléate, haz puenting o lo que te de la gana. Eres tú el que decide el camino que tomará tu vida con la siguiente acción que realices.


La chica del dorado reloj. 



Little things make life better.

Me gusta acostarme escuchando una canción y levantarme cantando otra. Me gusta el pasar horas y horas tumbada en mi cama sin hacer nada, sin ni siquiera pensar en algo. Me gusta girar la cabeza o mover las piernas para tener el lado fresquito de la cama. Me gusta el olor de la calle tras un día de lluvia, cuando el sol está detrás de las nubes y solo se ve un pequeño resplandor. Me gusta probarme ropa. Me gusta bailar a lo loco y poner la música alta cuando estoy sola. Me gusta tener la casa para mí y solo para mí. Me gusta sentirme cercana a la gente. Me gusta sentarme y cruzar piernas y brazos. Me gusta probar peinados aunque no me haga ninguno. Me gusta estar con mis amigos sea donde, como y cuando sea. Me gustan los pequeños detalles. Sentir la lágrima caer por la mejilla o como me sonrojo. Me gustar estar ausente entre la gente observando a los demás. Me gusta tener millones de chismes. Me gusta hablar. Caerme y reíme de mí misma, poner caras extrañas. Me gusta el sabor de la boca tras comer pipas. Cuando los helados se derriten o cuando caen las primeras gotas de agua caliente en la ducha. Me gusta llevar rimmel y notar que lo llevo. Me gusta la sensación de los ojos al cerrarse cuando tienes sueño. Me gustar andar con mis auriculares y no enterarme de nada más, solo mi música. Adivinar lo que hay de comer por el olor. Me gusta tener manías como estudiar con un boli en la mano y una botella de agua a mi lado. Volverme loca cuando escucho RUDE BOY, saltar o mirar a todos lados, incluso llorar. Me gusta cuando mi abuela ríe y subir los escalones de dos en dos. Me gusta sentir mis latidos en la cabeza. Las cosas sencillas pero a la vez complicadas. Me gusta la sonrisa que aparece en mi cara cuando pienso en él. Carraspear. Me gusta dar sorpresas y pasear sin ir a un lugar concreto. Cuando viene una ráfaga de viento y me despeina. Me gusta escuchar la misma canción infinidad de veces. Me gusta decir Prrta! Me gusta que seas feliz.

La chica del dorado reloj. 

Él.

Normalmente cuando me acuesto, hay unos minutos anteriores a los que me quedo durmiendo que dejo mi cuerpo; que recuerdo lo ocurrido en el día. En lo que empecé haciendo nada más levantarme y lo último que he hecho al acostarme. Cada segundo, minuto, hora y momento del día. Ayer al acostarme, pasaron muchas cosas por mi cabeza. Pero con la que me quede durmiendo fue con la tuya. Como estabas de guapo anoche; y siempre. Como me abrazabas. Como me besabas y me acariciabas el cuello. Como disfrutabas cada segundo a mi lado. Pero lo que más recordé aquella noche fue una imagen tuya: la Vía Axial, doce de la noche. Yo con botas y vestido; tu en manga corta y tus vans. Con el reflejo de las luces te iba viendo moviéndote, girando, derrapando o simplemente patinando. Yo andando por la acera observándote, mirando con lupa cada uno de tus movimientos. Y pensando a la vez en como había pasado el tiempo, y como habías cambiado. Supongo que por todo esto sonreí antes de caer en un profundo sueño. La causa de mi sonrisa anoche fuiste tú. Y la de antes de anoche también. Y espero que la de mañana y mucho tiempo adelante también.


La chica del dorado reloj