miércoles, 11 de abril de 2012

Para calmar mi alma.

Como una calada a un cigarrillo puede relajarte de tal manera. Tanto que parece que empiezas de nuevo. Tanto que te sientes otra persona. Tanto que te sientes fuera de lugar. Fumas, aspiras, expiras y sientes el humo pasar por tus vías y llegar a tus pulmones. Ves el humo salir por tu boca, lo expulsas lentamente disfrutando del momento. Cuando llega la última calada, la aprovechas al máximo, sabes que no deberías hacer lo que estás haciendo pero no te queda otra. Es tu manera de evadirte del mundo, como las aves emigran cuando llega el frío; escapan de lo que no les agrada. Sin embargo, lo que al principio se convierte en algo habitual y moderado, pronto puede volverse rutina. Se le puede coger el gustillo hasta a lo más dañino. El ser humano es de ésos; lo que más daño nos hace es con lo que más tiempo estamos. Desperdiciamos la vida en sueños rotos, en caladas vacías, y en besos amargos. Por eso, intenta no seguir la corriente, "carpe diem" como diría una vieja amiga. Libérate, fuma, sonríe, haz el amor, peléate, haz puenting o lo que te de la gana. Eres tú el que decide el camino que tomará tu vida con la siguiente acción que realices.


La chica del dorado reloj. 



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