Normalmente cuando me acuesto, hay unos minutos anteriores a los que me quedo durmiendo que dejo mi cuerpo; que recuerdo lo ocurrido en el día. En lo que empecé haciendo nada más levantarme y lo último que he hecho al acostarme. Cada segundo, minuto, hora y momento del día. Ayer al acostarme, pasaron muchas cosas por mi cabeza. Pero con la que me quede durmiendo fue con la tuya. Como estabas de guapo anoche; y siempre. Como me abrazabas. Como me besabas y me acariciabas el cuello. Como disfrutabas cada segundo a mi lado. Pero lo que más recordé aquella noche fue una imagen tuya: la Vía Axial, doce de la noche. Yo con botas y vestido; tu en manga corta y tus vans. Con el reflejo de las luces te iba viendo moviéndote, girando, derrapando o simplemente patinando. Yo andando por la acera observándote, mirando con lupa cada uno de tus movimientos. Y pensando a la vez en como había pasado el tiempo, y como habías cambiado. Supongo que por todo esto sonreí antes de caer en un profundo sueño. La causa de mi sonrisa anoche fuiste tú. Y la de antes de anoche también. Y espero que la de mañana y mucho tiempo adelante también.
La chica del dorado reloj
No hay comentarios:
Publicar un comentario