lunes, 6 de octubre de 2014

hope

Todos tenemos deseos. Algunos desean cosas sencillas, simples, fáciles de conseguir, y otros tienen deseos algo más enrevesados. Recuerdo cuando era pequeña y me iba de viaje con mis padres; solíamos ir al mismo sitio todos los años y siempre me llevaban al "pozo de los deseos". Yo, como una pequeña e inocente niña, tiraba mi moneda y deseaba cosas como que me regalasen la barbie profesora o que mi madre preparase macarrones para comer. Mis padres, al igual que yo, tiraban una moneda, y yo siempre les preguntaba que habían pedido, a lo que ellos siempre me contestaban: si lo cuentas, no se cumple.

Hace poco, volví a mi sitio favorito en el mundo, a mi pozo de los deseos. Seguía estando aquel cartel que siempre leía a pesar de sabérmelo de memoria. Tiré de nuevo una moneda y pedí un deseo. Oí como mi moneda rebotaba con todas las que habían, como iba botando de un lado a otro hasta encontrar su sitio entre otros muchos deseos. Me di cuenta que nunca hay que perder la esperanza. ¿Qué más da si me consideran una niña pequeña por eso? ¿O por darle la vuelta a uno de los cigarros de mi paquete y pedir un deseo? ¿Y si algún día se cumple?


La chica del dorado reloj. 

she

Ella. Creo que basta con decir eso cuando lo dices con tanto significado como lo digo en estos momentos. Sí, a más de 3000 km de ella, mi compañera, mi conocida… Al principio no era más que eso, pero desde el principio ambas sabíamos que algo especial había entre nosotras. Y ahora mi mitad, mi sonrisa, mi amiga, mi hermana; mi fiel, única e irremplazable mejor amiga. Porque como ya he dicho, a tantos kilómetros de ella me he dado aún más cuenta de lo importante que es para mí en mi vida diaria. Si yo doy un paso necesito que ella lo de conmigo. Que si caigo, ella me levanta; y si cae, la levanto. Está para las buenas, y lo más importante, para las putas. Si llora, la hago reír. Y es que, cuando ríe el mundo para, se detiene por un minuto. Esa risa especial que hace tanto que no escucho, que hace tanto que no soy la que te hace reír así. Que hace tiempo que no la abrazo, que no la saco de quicio, que no hincha las narices por mi culpa, que no nos vamos a cenar como gordas, que no duerme conmigo, que no me coge de la mano, que no la siento cerca de mí, y joder, duele. Duele como un puñal en el corazón, como mil agujas clavándose a la misma vez en la zona más sensible de mi cuerpo. Duele como si me faltara el aire. Decían: “qué locura un tatuaje con una amiga, ¿y si os enfadáis?” Es imposible durar más de un ratito enfadado con ella, y sé que esto si es un siempre de verdad, no de los que se dicen por decir, o de los que las niñas de ahora se dicen cuando salen tres veces juntas, y que no le dan el significado que de verdad tiene. Para mí es un siempre de verdad, sale del corazón, como ese ella. Te siento cerca, pero quiero más. Te quiero aquí.

 

La chica del dorado reloj.