La chica del dorado reloj.
El tiempo no cura nada. Sólo te acostumbra a la idea de que algunas cosas están cambiando y que debes aceptarlo.
lunes, 6 de octubre de 2014
she
Ella. Creo que basta con decir eso cuando lo dices con tanto significado como lo digo en estos momentos. Sí, a más de 3000 km de ella, mi compañera, mi conocida… Al principio no era más que eso, pero desde el principio ambas sabíamos que algo especial había entre nosotras. Y ahora mi mitad, mi sonrisa, mi amiga, mi hermana; mi fiel, única e irremplazable mejor amiga. Porque como ya he dicho, a tantos kilómetros de ella me he dado aún más cuenta de lo importante que es para mí en mi vida diaria. Si yo doy un paso necesito que ella lo de conmigo. Que si caigo, ella me levanta; y si cae, la levanto. Está para las buenas, y lo más importante, para las putas. Si llora, la hago reír. Y es que, cuando ríe el mundo para, se detiene por un minuto. Esa risa especial que hace tanto que no escucho, que hace tanto que no soy la que te hace reír así. Que hace tiempo que no la abrazo, que no la saco de quicio, que no hincha las narices por mi culpa, que no nos vamos a cenar como gordas, que no duerme conmigo, que no me coge de la mano, que no la siento cerca de mí, y joder, duele. Duele como un puñal en el corazón, como mil agujas clavándose a la misma vez en la zona más sensible de mi cuerpo. Duele como si me faltara el aire. Decían: “qué locura un tatuaje con una amiga, ¿y si os enfadáis?” Es imposible durar más de un ratito enfadado con ella, y sé que esto si es un siempre de verdad, no de los que se dicen por decir, o de los que las niñas de ahora se dicen cuando salen tres veces juntas, y que no le dan el significado que de verdad tiene. Para mí es un siempre de verdad, sale del corazón, como ese ella. Te siento cerca, pero quiero más. Te quiero aquí.
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